ODISEA

Cuando viajar con las tarjetas Visa y American Express del Banco Santander Río es una vergüenza

En la República Argentina los bancos, las tarjetas de crédito, las compañías telefónicas y sus similares han puesto de moda el timo como política comercial.
martes, 10 de julio de 2018 · 10:35

Milán, ITALIA.– Basta salir de la Argentina para comprobar que el subdesarrollo no es una cuestión cultural sino delincuencial en el caso de los bancos y tarjetas de crédito. Viajando al exterior se puede comprobar cómo los argentinos vivimos colonizados por estas empresas que literalmente engañan a sus clientes –supuestamente- preferenciales, aplicándoles regulaciones que están más cercanas a la sospecha que a la atención al cliente. 

La razón de ser de las tarjetas de crédito es venir a reemplazar el dinero físico, especialmente en casos de viajes como el que realizara a Europa. Nadie viaja con fajos de billetes encima por dos razones, seguridad y porque en nuestro país se puede salir únicamente con 10.000 (diez mil dólares). Sin embargo, para el titular de una tarjeta por más VIP o Platinum que fuera, el trato que recibe por parte tanto del Banco Santander Río como de la tarjeta American Express o Visa de ese banco en Argentina, en caso de hacer uso de ella, tiene más de investigación detectivesca que de “atención al cliente”.

Es así la odisea sufrida por un pasajero argentino que relató lo vivido a El Intransigente. Según la misma fuente consultada, el pasajero carece de la seguridad de que su tarjeta lo cubrirá en caso de algún percance ya que está sujeto a que en cualquier momento o lugar NO le autoricen la compra de algún bien o el pago de algún servicio recibido , TENIENDO LOS FONDOS DISPONIBLES. Estas empresas, con tal de no invertir ellos en mayor tecnología contra fraudes, invierten la carga de la prueba sometiendo al cliente a un interrogatorio propiamente policíaco de más de 20 preguntas donde la menor equivocación o falta de memoria del cliente al contestar servirá para que le invaliden el uso de la tarjeta. 

Este método casi tribal para tratar a los clientes por parte de estas empresas, como dijimos, proviene de la falta de inversión en el país para contar con sistemas modernos de comunicación, detección y solución al instante de la identidad del titular como ocurre en cualquier país desarrollado, o con hacer uso de la huella digital en un posnet, bastaría y sobraría. En la Argentina el problema tiene raíz en los bancos, quienes inclusive le piden al usuario de la tarjeta que denuncie el país y el itinerario que va a recorrer incluyendo detalles como hoteles y hasta número de habitación, no obstante lo cual, todos estos datos a la hora de contribuir a solucionar el problema, más bien obran como aquel recitado policíaco estadounidense: “Todo lo que diga podrá ser utilizado en su contra”.

En la República Argentina los bancos, las tarjetas de crédito, las compañías telefónicas y sus similares han puesto de moda el timo como política comercial. Se estafa al cliente a cara descubierta pintándole a través de la propaganda una gran sonrisa y un servicio que en la realidad no existe. 

Ni siquiera es posible afirmar que “asaltan a cara descubierta” porque el cliente o el usuario a la hora del reclamo sólo puede hablar con máquinas y, si luego de 20 minutos de llamada desde el exterior puede ser atendido por un ser humano, este será de  un país centroamericano, donde la mano de obra pareciera serle muy barata a los bancos y tarjetas,  por lo cual tampoco tendrá ninguna solución.

Un caso emblemático, es la Sucursal Olleros del Banco Río-Santander en el Barrio de Belgrano donde sólo hay tres empleados cuya función es derivar clientes para que sean atendidos por máquinas que devuelven un número de reclamo sin que sepa el damnificado si acaso su queja ha tenido curso. Ese Banco tiene un gerente que es humano pero cuya función es no autorizar nada que venga reclamado, comprobándose así que el famoso dicho “el cliente siempre tiene razón” no es más que una burda mentira. Para mayor escarnio, apenas el reclamante abandona abatido el lugar, en su celular recibe un mensaje que le solicita “Calificá la atención del 1 al 10”… una burla. 

De esa manera lo que sí podremos tener es una comunicación vía “WhatsApp” desde Europa a la Argentina de excelente calidad y que posee una nitidez impecable mientras que comunicarse del mismo modo en una ciudad de Argentina entre dos equipos a menos de cinco kilómetros resulta casi imposible. ¿Algo falla no?

Como se ve, en el fondo de toda esta cuestión subyace un problema ético y moral, donde lo primero es siempre facturarle al cliente, tomar su dinero y luego ver si se cumple a satisfacción o no. Lo que en verdad ocurre es que nadie ha tomado conciencia de lo que significa la propia vergüenza, porque si un poco de ética y moral tuvieran se darían cuenta que respetando al cliente y al ciudadano es como se respetan a sí mismos. En el destrato que bancos, tarjetas, telefónicas y funcionarios le dan al ciudadano argentino queda expuesta su propia inmoralidad.

(Matilde Serra)

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