HORROR

Entregaban a su hija para pagar el alquiler

Los inescrupulosos padres quedaron detenidos por trata de personas.
viernes, 08 de marzo de 2019 · 18:48

Hasta dónde puede llegar la bestialidad de una persona que utilice  el cuerpo de una mujer adolescente como la última moneda de cambio para conseguir alguna ventaja y reiterados abusos sexuales a lo largo de dos años por un miserable alquiler de una vivienda.

Así fue el calvario que tuvo que soportar la niña,  de apenas 15 años, tras el brutal pacto que acordaron sus padres con el dueño de la casa en la que vivían: dejaban que el propietario de la vivienda violara a la menor en reiteradas oportunidades a cambio de no pagar el alquiler.

Todo comenzó cuando la joven, tenía apenas 13 años en la casa que su familia rentaba en la calle Neuquén, en el corazón de la villa Azul, un precario asentamiento ubicado en el límite de Wilde y Bernal, Buenos Aires, al que vecinos de zonas cercanas recomiendan evitar "porque puede pasar cualquier cosa".

Allí, la joven vivía junto a su madre, Ramona Perla (37) y su padrastro, Julián Agripino (65), un ex albañil y jubilado que también se valía de la convivencia con la adolescente para abusar de ella. El tercer actor en esta historia de terror es Juan Bautista Rotela Domínguez (46), de nacionalidad paraguaya como Perla y Agripino, oriundo de Sarandí, ex empleado de una papelera de la zona, el dueño de la casa que alquilaba la familia.

Fuentes de la investigación explicaron el modus operandi de los abusadores. Sus padres, con amenazas y golpes de por medio, entregaban su hija a Rotela Domínguez las veces que él quisiera para que mantuvieran relaciones sexuales y así ahorrarse el dinero del alquiler. La adolescente finalmente fue rescatada a mediados de enero por la DDI de Quilmes de la Policía Bonaerense después de una denuncia hecha por una de sus tías que recayó en el fiscal Alejandro Ruggeri,titular de la UFI N°8 de Quilmes especializada en delitos sexuales. La madre, el padrastro y el dueño de  la casa fueron detenidos.

Pero la tortura a la que estuvo sometida C. a lo largo de los dos últimos años no se limitó a los golpes y las violaciones. Se pudo confirmar también que la menor previamente estuvo embarazada y según los exámenes médicos que le practicaron, tuvo un aborto. "No se sabe si fue inducido o espontáneo", precisó un investigador del caso.

Al consultar quién había sido el padre biológico, su respuesta fue contundente y al mismo tiempo perturbadora: "No tenemos idea. Pudo haber sido cualquiera de los dos". Puede haber sido el padrastro, el dueño de la casa, o un cliente.

La víctima ya declaró en Cámara Gesell y hoy está al cuidado de personal de Protección a la Niñez de la localidad de Florencio Varela, lejos de sus victimarios, mientras intenta recomenzar su vida, a la espera de que se haga justicia.