POLÉMICA

El asesino de Mendoza parecía poseído y lanzaba arañazos a los guardias

La insólita actitud del reo podría significar una estrategia para la causa.
martes, 12 de marzo de 2019 · 14:43

Desafiante, con la mirada perdida y emulando unas garras fue la primera imagen que encontraron los penitenciarios cuando abrieron la celda número 2 del pabellón 4 del penal Boulogne Sur Mer. 

Inmediatamente después, Nicolás Gil Pereg (37), el israelí acusado por el doble crimen de su madre y su tía en Mendoza, comenzó a actuar de una forma insólita: lanzó arañazos y maulló, imitando a un gato.

La escena ocurrió el miércoles 6 de marzo a las 16.51 y quedó registrada en una grabación que se viralizó en las últimas horas. Según un video al que accedió Clarín, los guardiacárceles que intentaron trasladar al hombre de 37 para realizar un control sanitario filmaron toda la secuencia, tal cual lo marca el protocolo. Como se negó a ser trasladado para que lo atendiera un médico y no acataba las órdenes, los agentes abortaron el operativo.

De todas maneras, la reacción del israelí no sorprendió demasiado a los penitenciarios, ya que ese tipo de posturas extrañas se repiten casi diariamente. Entre otras actitudes poco habituales, se desnuda y orina o defeca en el piso del lugar.

Sin embargo, las pericias psiquiátricas determinaron que Gil Pereg comprende la criminalidad de sus actos y que está ubicado en tiempo y espacio. Los profesionales que analizaron su conducta lo tacharon como una persona, desafiante, poco colaborativa, con actitud hostil y evasiva.

Por eso, para los investigadores y las autoridades judiciales este ingeniero en electrónica y ex militar israelí simplemente se quiere hacer pasar por loco para ser declarado inimputable y evitar una segura condena. En este sentido, aseguran que la estrategia del único acusado por el crimen de las mujeres es actuar como un gato.

Ya lo había hecho ante el juez Sebastián Sarmiento, quien ordenó que tendrá que esperar en la cárcel hasta el juicio. En una oportunidad desconoció su verdadero nombre y su lugar de nacimiento, se orinó en la sala de audiencias y mencionó a sus 37 gatos (convivía en malas condiciones de higiene con animales domésticos) como sus hijos.

A los pocos días, el hombre de casi dos metros decidió entrar y salir del salón maullando. Incluso la defensa de Gil Pereg había solicitado a las autoridades penitenciarias que le permitan vivir en la cárcel con sus animales, pedido que fue rechazado.